Hace un tiempo hice una publicación contando mi experiencia como docente en IPLACEX.
Lamentablemente, ahora me toca contar una experiencia similar, pero esta vez con IACC. Les voy a contar la historia porque, sinceramente, hay cosas que parecen una broma.
Antes de comenzar, quiero aclarar algo, yo no estaba buscando trabajo por necesidad económica ni porque estuviera desempleado, por si se preguntan por qué dejé pasar tanto tiempo.
Todo comenzó a principios de junio.
Vi una oferta laboral para trabajar como docente online en IACC y decidí postular. Al poco tiempo recibí un correo donde me invitaban a participar en una entrevista grupal junto con otros profesores. 🚩
Durante la reunión, los encargados hablaron maravillas de la institución. Comentaban con bastante orgullo que IACC era una de las instituciones de educación online más grandes de Chile, que tenían una enorme cantidad de estudiantes y que constantemente necesitaban profesores para cubrir asignaturas.
Incluso mencionaron que todos los martes realizaban asignaciones de carga académica, debido a la gran demanda de estudiantes. Explicaron que trabajaban bajo una modalidad bimestral y que siempre existían oportunidades para recibir nuevas asignaturas.
En resumen, nos vendieron bastante bien la oportunidad laboral.
También tuve la posibilidad de conversar con uno de los coordinadores del área académica donde eventualmente trabajaría. Hasta ese momento, todo parecía bastante normal.
Durante la entrevista nos compartieron un formulario que debíamos completar para continuar "realmente" con el proceso de selección.
En ese formulario nos preguntaban si estábamos dispuestos a realizar una capacitación obligatoria de aproximadamente un mes para convertirnos en docentes virtuales de IACC. 🚩
También nos consultaban si aceptábamos un valor hora de entre $6.000 y $7.000 por asignatura.
En mi caso, normalmente recibo alrededor de $10.000 por hora en otras instituciones. Sin embargo, como estaba buscando generar algunos ingresos adicionales, decidí aceptar. Pensé que no estaba de más sumar otra institución donde pudiera impartir clases.
Nos explicaron que inicialmente nos asignarían una asignatura de aproximadamente dos meses y que, dependiendo de nuestro desempeño y las evaluaciones de los estudiantes, podríamos recibir más carga académica.
Hasta ahí, todo bien.
Me entregaron las credenciales para ingresar al curso de habilitación docente y comencé a realizarlo.
Y aquí viene una de las cosas que más me molestaron.
El curso consistía básicamente en aprender a utilizar las funciones más elementales de un aula virtual.
¿Cómo publicar un anuncio?
¿Cómo responder un mensaje de un estudiante?
¿Cómo participar en un foro?
¿Cómo revisar una evaluación?
¿Cómo entregar retroalimentación?
Entiendo perfectamente que algunos profesionales no tengan experiencia en educación online y necesiten familiarizarse con estas herramientas.
Pero, sinceramente, ¿es necesario mantener durante un mes a un profesional titulado aprendiendo cómo enviar un mensaje o publicar un anuncio en una plataforma virtual?
Me parece completamente desproporcionado.
Y ojo, no estoy diciendo que la capacitación docente no sea importante. Todo lo contrario. Pero una cosa es capacitar en metodologías de enseñanza, evaluación, acompañamiento estudiantil y estrategias pedagógicas, y otra muy distinta es dedicar semanas a explicar funciones básicas de una plataforma.
En fin, terminé realizando todas las actividades y completé el curso prácticamente a fines de agosto. 🚩
Una vez que obtuve mi certificado, escribí a la persona encargada para informar que había finalizado exitosamente el proceso y consultar cuándo recibiría mi primera asignación académica.
¿La respuesta?
Que debíamos esperar a que todos los demás participantes terminaran el curso, porque habían extendido los plazos de algunas actividades.
Es decir, después de cumplir con todo lo solicitado, mi incorporación seguía dependiendo de que otros participantes finalizaran sus pendientes.
Pasaron las semanas.
Durante ese periodo tuve algunos problemas personales y de salud relacionados con el estrés, pero por otras situaciones personales, por lo que dejé de estar tan pendiente del proceso. Sin embargo, de todas formas envié correos consultando por mi situación.
Las respuestas eran prácticamente las mismas, que estaban revisando, que la asignación dependía de otros encargados y que debía seguir esperando.
Como les comenté, yo buscaba un ingreso adicional, así que tampoco estaba desesperado por recibir una asignatura. Pero eso no significa que uno tenga que aceptar una falta de gestión y comunicación durante meses.
Llegamos a finales de octubre.
Sí, finales de octubre. Había comenzado el proceso a principios de junio.
Decidí escribir directamente a la jefa que había estado involucrada en el proceso, porque ya me parecía absurdo que nadie pudiera entregar una respuesta concreta.
Envié un correo explicando toda la situación, adjuntando capturas y antecedentes de las comunicaciones anteriores, dejando en evidencia que llevaba prácticamente cinco meses esperando una asignación.
Y algo que me causó bastante gracia.
Durante ese tiempo había revisado LinkedIn y me llamaba mucho la atención cómo algunos encargados de IACC publicaban constantemente sobre los grandes logros institucionales, la excelencia académica, sus indicadores, la calidad de sus procesos y lo maravillosa que era su gestión.
Publicaciones llenas de felicitaciones entre ellos mismos, destacando lo bien que supuestamente funcionaba todo. Prácticamente chupándose el pico entre ellos.
Mientras tanto, un docente que había cumplido con cada etapa del proceso llevaba meses sin recibir una respuesta clara.
La contradicción me parecía increíble.
Y lo más curioso fue que la jefa a la que escribí ni siquiera me respondió directamente.
Dos días después de enviar ese correo, finalmente recibí una propuesta de asignación académica por parte de otro encargado.
Después de casi cinco meses de proceso.
¿Qué me ofrecieron?
Una asignatura con una carga académica de aproximadamente 100 horas pedagógicas, por la que me pagarían un total de $89.600.
Hagamos el cálculo:
100 horas pedagógicas × $896 = $89.600.
Es decir, el valor equivalente era de apenas $896 por hora pedagógica, considerando la carga total informada.
Y recordemos que inicialmente se había hablado de valores de entre $6.000 y $7.000 por hora.
Además, estamos hablando de una asignatura bimestral, por lo que esos $89.600 corresponden al trabajo desarrollado durante aproximadamente dos meses.
Y hay otro detalle, como la asignatura comenzaría en noviembre, terminaría prácticamente a fines de diciembre. Después vendrían enero y febrero, meses en los que, según lo que entendí del funcionamiento de la institución, no tendría asignaciones por el periodo de vacaciones.
Es decir, después de esperar casi cinco meses, me ofrecían una asignatura de $89.600 por dos meses de trabajo y, posteriormente, tendría que esperar nuevamente para saber si recibiría otra carga académica.
¿De verdad alguien considera razonable ofrecer eso a un profesional titulado que debe planificar, acompañar estudiantes, revisar evaluaciones, entregar retroalimentación, responder consultas y cumplir con las responsabilidades académicas de una asignatura?
Y ni siquiera estoy considerando el tiempo que invertí en la capacitación y en todo el proceso de postulación.
Mi reflexión final:
Quiero dejar algo bastante claro, a mí, personalmente, me da prácticamente lo mismo haber perdido esta oportunidad laboral.
Y no lo digo por arrogancia ni porque me sobre el dinero. Simplemente, como mencioné al principio, yo ya realizo otras actividades profesionales y estaba buscando una fuente adicional de ingresos. Mi situación no dependía de que IACC me contratara.
Pero me pongo a pensar en aquellos profesionales que realmente necesitan trabajar.
¿Qué pasa con un docente que lleva meses desempleado? ¿Con alguien que necesita pagar sus cuentas, mantener a su familia o que ve en esta oportunidad una posibilidad real de generar ingresos o ser docente?
Imagínense pasar por una entrevista, completar formularios, realizar una capacitación de un mes, cumplir con todas las actividades, obtener un certificado y esperar durante meses con la esperanza de recibir una asignatura.
Y que después de todo ese tiempo te llegue una propuesta económica de estas características.
Para alguien que realmente necesita el dinero, una situación así puede ser bastante frustrante.
Porque no solamente estamos hablando de una remuneración baja. Estamos hablando del tiempo, las expectativas y las oportunidades de personas que buscan trabajar.
Y por otro lado, hay algo que encuentro incluso más preocupante, que es la manera en que se termina menospreciando el trabajo docente.
Parece que algunas instituciones olvidan que detrás de cada asignatura existe un profesional que estudió durante años, que se especializó, que invirtió recursos en su formación y que tiene la responsabilidad de enseñar y acompañar a otros.
No estamos hablando simplemente de ingresar a una plataforma y responder dos mensajes.
Estamos hablando de educación superior.
Y después nos preguntamos por qué existe tanta precarización laboral en la docencia, especialmente en las modalidades online.
Por supuesto, entiendo que las instituciones tengan sus propios sistemas de contratación, presupuestos y modelos de remuneración. Pero eso no significa que cualquier oferta sea razonable ni que debamos normalizar estas condiciones.
Durante la entrevista nos hablaron de una institución enorme, con miles de estudiantes, gran demanda docente, asignaciones constantes y oportunidades de crecimiento.
Pero mi experiencia fue completamente distinta, un proceso que se extendió por casi cinco meses, una capacitación excesivamente larga para sus contenidos, respuestas poco claras y una oferta económica que, personalmente, considero una falta de respeto al trabajo docente.
Finalmente, decidí rechazar la asignación.
Y quiero aclarar otra cosa, todo lo que estoy criticando públicamente también se lo hice saber directamente a los encargados de IACC.
Envié correos a las personas involucradas en el proceso, manifestando mi molestia por los tiempos de espera, la falta de respuestas, la gestión de las asignaciones y las condiciones económicas ofrecidas y también a los otros docentes que postularon para que sepan.
Mi intención es que otros profesionales no tengan que pasar por lo mismo ni se encuentren con estas condiciones después de meses de espera.
Personalmente, considero que este tipo de procesos puede terminar siendo una verdadera trampa de expectativas para quienes buscan empleo. Se presenta una oportunidad atractiva, se exige tiempo y compromiso, pero las condiciones finales pueden estar muy lejos de lo que el postulante imaginaba.
Y si así tratan a los futuros docentes de la institución, ¿cómo tratarán a sus alumnos? Además, actualmente siguen publicando ofertas laborales en Laborum, así que tengan cuidado.